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Cuando el miedo ya está en pista

18 de maig de 2026 per
Cuando el miedo ya está en pista
Raquel Venque

Hoy no podía no escribir sobre ello. Y me refiero a lo vivido ayer en la carrera de MotoGP en el circuito de Catalunya.

Lo más importante, antes de cualquier análisis, es que, por suerte, Álex Márquez y Johann Zarco, dentro de la gravedad y del susto, están estables y atendidos por sus equipos médicos. Cuando ocurre algo así, el resultado deportivo queda inevitablemente en un segundo plano. Porque antes que pilotos, rivales o nombres en una clasificación, son personas.

Y precisamente por eso, viendo ayer la carrera, después de aquellos minutos interminables sin saber nada del estado de ambos pilotos, me apareció una pregunta que no pude quitarme de la cabeza: ¿cuántas veces puede reemprenderse una carrera? ¿cuántas banderas rojas puede sostener emocionalmente una parrilla?

Desde el reglamento, la respuesta puede ser relativamente clara. Si la pista vuelve a estar en condiciones, si Dirección de Carrera lo considera seguro y si se cumplen los procedimientos, la competición puede continuar. Pero desde la psicología del deporte, la pregunta es mucho más compleja. Porque una carrera no se reinicia solo en el asfalto. También tiene que reiniciarse dentro del casco.

El piloto no es el mismo

Después de una caída grave, con momentos de mucha incertidumbre sobre el estado de salud de un compañero, el piloto no vuelve a la parrilla igual que salió la primera vez. Vuelve con información emocional nueva. Ha visto el peligro de cerca, ha sentido el silencio del box, ha esperado noticias, ha interpretado gestos, ha mirado pantallas o ha intentado no mirarlas. Y mientras todo eso ocurre, su cuerpo ya ha entendido que algo serio ha pasado. 

En deportes de alta velocidad, solemos hablar de valentía como si fuera ausencia de miedo. Pero quizá sea justo lo contrario: valentía es poder seguir funcionando cuando el miedo está presente. Un piloto de MotoGP está entrenado para convivir con el riesgo, pero no es lo mismo asumirlo antes de empezar que volver a exponerse después de haber visto sus consecuencias hace apenas unos minutos.

Ahí aparece una tensión muy delicada. Por un lado, está el profesional que sabe que debe competir, que hay un equipo detrás, puntos en juego y una carrera que continuar. Por otro, está la persona que se pregunta cómo están sus compañeros, si tiene sentido volver a salir y si el cuerpo puede confiar otra vez en un entorno que acaba de mostrar su parte más dura.

La incertidumbre amplifica el miedo

Por eso, una bandera roja no detiene solo una carrera. También interrumpe un estado mental. Rompe el ritmo, altera la concentración y abre una pausa llena de incertidumbre. Y la incertidumbre, en psicología, amplifica el miedo. En esos minutos, el equipo cumple una función fundamental: no solo preparar la moto, sino ayudar al piloto a volver a una tarea concreta. Respirar. Beber. Revisar la salida. Recordar dos o tres claves técnicas. Recuperar una sensación mínima de control.

Pero reemprender no significa pasar página. El piloto no borra lo ocurrido. Vuelve con memoria emocional. La habilidad está en integrar esa memoria sin que secuestre la conducta: aceptar la activación, reconocer la preocupación y dirigir la atención hacia lo controlable.

Quizá por eso la pregunta no debería ser solo cuántas veces permite el reglamento reiniciar una carrera, sino cuántas veces puede hacerlo una mente sin que el riesgo psicológico aumente. Porque la seguridad no es únicamente técnica. No depende solo de escapatorias, airbags, comisarios o protocolos médicos. También depende del estado emocional de quienes vuelven a colocarse en parrilla. Una mente alterada, preocupada o moralmente dividida toma decisiones de otra manera. Y en MotoGP, a más de 300 km/h, cada decisión importa.

Los pilotos no son invulnerables

Lo que vimos nos recuerda que los pilotos no son invulnerables. Son deportistas extraordinarios y a veces parecen invencibles, pero no lo son. Porque detrás de cada casco y de cada mono hay personas que sienten miedo, preocupación y tensión. Y quizá lo admirable no sea que vuelvan a salir como si nada hubiera pasado, sino que sean capaces de hacerlo sin dejar de ser humanos.

Reemprender una carrera varias veces no es solo repetir una salida. Es pedirle al cuerpo que vuelva a confiar, a la mente que vuelva a enfocarse y al piloto que transforme el miedo en precisión cuando el miedo ya está en pista.

Mi opinión, una irresponsabilidad por parte de Dirección de Carrera

Que ayer se reiniciara la carrera tres veces, después de dos accidentes durísimos con bandera roja, me pareció una irresponsabilidad por parte de Dirección de Carrera. Por suerte, hoy no tenemos que lamentar nada más grave, pero lo de ayer pudo haber acabado de otra manera. Y quizá precisamente por eso conviene hablarlo: porque cuidar el espectáculo nunca debería estar por encima de cuidar a quienes lo hacen posible.

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